11 jul. 2011

Correr

Sé que no soy el más apropiado para hablar de este tema. Llevo poco tiempo haciéndolo y no he leído el libro de Murakami, aunque espero leerlo algún día. No creía en ello, jamás se me había pasado por la cabeza la idea y, sin embargo, empiezo a sentir que es algo más importante de lo que yo creía.

Hace unas semanas empecé a correr. Yo, que defendía el lema "correr es de cobardes"; yo, que me escudaba en que era algo aburrido y bastante sin sentido; yo, que dedicaba mi tiempo a tareas más "elevadas". En definitiva, yo, que me compré unas deportivas con la duda de si iba a llegar a estrenarlas.

Pues ése es el que una tarde de finales de primavera, decidió dar el paso y salir a correr.  Y al día siguiente me dolían las piernas horrores. Pero volví a salir. Y así un día tras otro, casi por obligación. Y yo, que era un descreído de todo esto del deporte, empecé a tener por costumbre salir a correr por las tardes.

¿Un por qué? Porque lo necesitaba. Porque necesitaba una válvula de escape. Ayer, alguien que sabe más de correr que yo, me dijo que al correr "se libera algo más que sudor. Te hace sentir libre". Y yo no puedo estar más de acuerdo. Necesitaba liberarme de mí mismo, no de todo, sino de una parte que me lastraba desde hacía varios meses. Probablemente esto no sea nada original, pero siento que al sudar, con la sal y el agua saco de mí recuerdos, sentimientos, desilusiones y todo el veneno que no me dejaba ser. Que no permitía que yo fuera yo mismo.

Y poco a poco, voy cogiendo resistencia, tanto física como mental. Se va el veneno, cada vez queda menos. Y me siento mejor. Una vez me dijeron que no iba a cambiar, "que las personas no cambian". Quizá no sea un gran cambio, pero sí es un pequeño, y sé que los pequeños terminarán por formar uno grande.

La idea de escribir sobre esto me ha venido esta tarde, mientras subía al parque en el que corro casi a diario.

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