22 nov. 2012

ELIGIENDO ATLAS DE ANATOMÍA (I): El Sobotta


Hace tiempo que salió la nueva edición del Sobotta, un atlas de Anatomía Humana centenario (la primera edición se publicó en 1904) y que se ha renovado por completo. Volver a ver este atlas en las librerías ha sido para mí un feliz reencuentro que tenía que comentar. Yo estudié Anatomía con el Sobotta, y recuerdo las muchas horas que me pasaba con el libro en el atril para ir viendo las imágenes mientras leía y subrayaba el libro de texto, o bien me hacía esquemas con las ramas de la aorta abdominal o del plexo braquial. Quizá suene un poco romántico, pero recuerdo hasta el olor a libro nuevo que tenían sus páginas satinadas cuando lo compré.

Pues bien, los nuevos editores de este atlas clásico han decidido darle un gran remodelado. De entrada, de dos tomos han pasado a tres (Anatomía general y aparato locomotor; órganos internos; y cabeza, cuello y neuroanatomía) y para hacerlo más completo, incorporar texto y referencias clínicas. Estos cambios completan y hacen del nuevo Sobotta un libro perfectamente adaptado a los nuevos requerimientos de los planes de estudio de los grados de Medicina, Biomedicina, etc.

Quizá uno de los aspectos más interesantes del libro, más allá de la innegable calidad y claridad de las imágenes, sea el nuevo enfoque clínico. Esto puede hacer ver a los nuevos estudiantes de Medicina la importancia fundamental que tiene conocer bien la anatomía para ser buenos médicos, además de hacer más ameno y práctico el estudio de esta densa asignatura.

El libro ofrece otras novedades igualmente interesantes. Así, al principio de cada sección, por ejemplo si vamos a estudiar el corazón, nos encontramos con láminas de embriología en la que se explica el desarrollo de esta víscera y sus defectos congénitos. Se incluyen también múltiples figuras con imágenes de pruebas complementarias (radiografías, endoscopias, TACs…) y fotografías de casos clínicos. El atlas cuenta, como ya no puede ser de otro modo, con acceso a su contenido en Internet, donde se pueden descargar todas las figuras y encontrar instrucciones para realizar las disecciones en el cadáver. Este aspecto puede ser muy útil, porque a todos nos ha pasado que más de una vez no hemos sabido por dónde cortar y qué estructuras se deben disecar y cuáles no.

Aunque es una opinión sesgada, pues me encanta la Anatomía, no creo que su estudio sea difícil, pero sí que requiere mucho tiempo y esfuerzo por parte de alumnos que acaban de llegar a las facultades. Es por ello que contar con un material como éste y tenerlo siempre a mano como complemento del libro de texto, resulta imprescindible para obtener éxito en esta asignatura. Y si el Sobotta ya era un gran atlas, ahora es, sencillamente, magnífico. 

3 oct. 2012

Para estudiar Pediatría, ¿qué mejor?


Estudiar Pediatría es un reto para todos los estudiantes de Medicina. Enfrentarse con una asignatura, casi siempre anual, que incluye temas de lo más variado exige bastante tiempo y dedicación. Y si uno quería estudiarla bien, buscar un buen libro era una tarea casi imposible. Y no porque no existan magníficos tratados de Pediatría (Nelson, Cruz, etc.), sino porque debido a su extensión, era casi imposible que un estudiante de 5º o 6º tuviera el tiempo necesario para ellos.

Esta situación era la habitual hasta el año pasado, cuando la editorial Elsevier se decidió a traducir al castellano la obra «Nelson. Pediatría Esencial». ¡Por fin un texto de Pediatría al alcance de los estudiantes! Se podría pensar que este Nelson es un compendio, un resumen de los dos volúmenes del Tratado; pero no es así. Los mismos autores de éste llevan años publicando un libro enfocado para los estudiantes que se enfrentan a esta asignatura, así como para los residentes jóvenes de la especialidad. El «Pediatría Esencial» cumple con el propósito de sus autores de convertirse en una alternativa al tratado y es una herramienta ideal para estudiar.

El libro está estructurado en veintiséis secciones que repasan lo más importante del desarrollo normal y de la patología del niño, agrupado por aparatos y sistemas. Además de abordar las secciones clásicas de la patología infantil (enfermedades del aparato digestivo, respiratorio, alergias, problemas traumatológicos, etc.), el libro incluye algunos temas que me han llamado especialmente la atención. En las primeras secciones se hace mención a situaciones que muchas veces pasan desapercibidas durante la carrera. Por ejemplo, se abordan problemas conductuales y psiquiátricos específicos de la infancia; se dan pautas para los cuidados paliativos del niño y los temas relacionados con el final de la vida. Y se tratan aspectos sociales como los nuevos modelos de familia, la identidad de género y los problemas típicos de la adolescencia.

Además, este libro destaca por el gran número de tablas que incluye, lo que lo convierte en una referencia para repasar o consultar algún tema concreto en poco tiempo. El único pero que se le puede poner es el reducido número de imágenes que tiene (excepto en las secciones de dermatología y ortopedia), pero eso no resta ni un ápice de calidad a la obra.

Por ello, recomiendo a todos los que tengan que enfrentarse a la Pediatría que le echen un vistazo a este libro y lo tengan bien a mano para su estudio.

3 ago. 2012

Anatomía Clínica

Los que me conocen saben de mi pasión por la Anatomía. Desde que empecé la carrera me encantó, aunque fuera pesada de estudiar, y saqué buenas notas. Pude ser monitor de prácticas y después alumno interno desde primero hasta tercero. Gracias a esto, he tenido que estudiar y repasar esta asignatura varias veces y pasar muchas horas en la sala de disección preparando las prácticas y ayudando a alumnos de cursos inferiores.

Siempre he escuchado que la Anatomía era una ciencia «cerrada», «completa», en la que ya estaba todo hecho. Pues bien, hace un tiempo cayó en mis manos un nuevo libro de Anatomía, escrito por el Dr. Eduardo Pró, Profesor de Anatomía en la Universidad de Buenos Aires. Este libro, editado por Panamericana, es una auténtica novedad en el campo de la Anatomía, pues presenta la materia con un claro enfoque clínico. El libro está perfectamente orientado a los nuevos planes de estudios surgidos tras el plan de Bolonia. Si con los cambios de Bolonia se pretende que los alumnos entren en contacto desde primero con los contenidos clínicos, este libro lo consigue y con creces. En cada uno de sus capítulos se incluyen cuadros de patología, maniobras exploratorias, procedimientos quirúrgicos, etc.

El libro se estructura en nueve capítulos: Anatomía general, dorso, cabeza, cuello, tórax, abdomen, pelvis, miembro superior y miembro inferior. En cada uno de ellos se incluyen imágenes de gran calidad, muy descriptivas y didácticas. También encontramos tablas con las arterias, la inervación somática y vegetativa (esto último está excepcionalmente bien explicado), referencias a la anatomía proyectiva y de superficie y las regiones topográficas. Y como ya hemos dicho, todos estos contenidos salpicados de temas clínicos.

Por último, el libro tiene un sitio web complementario que merece la pena comentar. Yo siempre he sido muy reacio a este tipo de contenidos, pero he de reconocer que la web del Pró me ha sorprendido. En ella  hay múltiples ejercicios para repasar lo estudiado, con preguntas tipo test, imágenes mudas para completar y guías de estudio, un glosario de términos anatómicos e imágenes radiográficas.

Quizá la Anatomía sea una ciencia cerrada, pero con este libro, el Dr. Pró ha conseguido un nuevo enfoque perfecto para los nuevos requisitos de los planes de estudio actuales. Un libro para aprender mucha Anatomía y descubrir la clínica desde los primeros meses de carrera.


24 jul. 2012

Stronger

Hace un tiempo me topé con este vídeo en Internet. Ya había escuchado la canción antes en la radio y me gustaba, pero me parecía que la letra tenía un contenido bastante repetido: What doesn't kill you makes you stronger, lo que no te mata te hace más fuerte. Todos hemos recurrido a esa frase cuando la vida nos ha dado un revés más o menos importante (un suspenso inesperado, una separación, un problema familiar, lo que sea).

Pero nunca me había planteado esto. Que unos niños de la planta de Hemato-Oncología de un hospital hicieran suya esa canción y por tanto ese lema. Lo que no nos mata nos hace más fuertes. Las leucemias, los sarcomas, los cánceres propios de edades pediátricas. Querían que su enfermedad les hiciera más fuerte. Es admirable ver cómo participan, aunque no se puedan mover de la cama, aunque tengan que tirar del gotero por el que les pasa la sueroterapia o la quimio... Ahí están todos. Y no sólo ellos, los niños enfermos. Están sus padres, están las enfermeras y seguro que hay algún médico rondando también. Todos a una.

Es admirable verles luchar. Y que su lucha consista en eso. En sacar fuerzas para bailar, para cantar y para reírse. No sólo Medicina, no sólo cirugía y fármacos para combatir el cáncer. También música, también risas, compañerismo. Son pequeñas grandes cosas hechas por unos pequeños grandes luchadores.

Todo un ejemplo y una motivación para los que estamos estudiando Medicina y soñamos un día con poder estar al servicio de niños así. ¡¡¡Gracias peques!!!


17 jun. 2012

Un pequeño manual para la vida

Por H. Jackson Brown.



  • Elogia a tres personas cada día.
  • Contempla el amanecer por lo menos una vez al año.
  • Mira a los ojos de las personas.
  • Di «gracias» con frecuencia.
  • Gasta menos de lo que ganes.
  • Haz nuevas amistades, pero cultiva las viejas.
  • No pierdas el tiempo aprendiendo las «artimañas del oficio». Mejor aprende el oficio.
  • Utiliza las tarjetas de crédito por comodidad, nunca por el crédito.
  • Aprende a escuchar. A veces las oportunidades tocan muy quedo a la puerta.
  • No tomes decisiones cuando estés enfadado.
  • No pagues un trabajo hasta que esté concluido.
  • Cuídate de quien no tenga nada que perder.
  • No esperes que la vida sea justa.
  • Nunca subestimes el poder del perdón.
  • No dudes en perder una batalla si esto te lleva a ganar la guerra.
  • Con respecto a los muebles y a la ropa: si piensas usarlos durante cinco años o más, compra lo mejor que puedas pagar.
  • Olvídate de los comités. Las ideas nobles y capaces de cambiar el mundo provienen siempre de una persona que trabaja sola.
  • Declara la guerra a la basura.
  • Los músicos callejeros son un tesoro. Detente un momento y escúchalos. Déjales luego un pequeño donativo.
  • Cuando arrastres un problema grave de salud, busca la opinión de tres médicos por lo menos.
  • Establece con claridad tus prioridades. Nadie, es su lecho de muerte, ha exclamado: «¡Caramba, si hubiera pasado más tiempo en la oficina!»
  • No temas decir: «no sé».
  • No temas decir: «lo siento»
  • Elabora una lista de veinticinco cosas que desees experimentar antes de morir. Llévala en tu cartera y consúltala con frecuencia.
  • Llama por teléfono a tu madre.

29 ene. 2012

El «Despopoulos»

Hace un par de semanas que empecé el nuevo semestre. Mi universidad, desde que implantó el cambio en los planes de estudio, puso los exámenes en diciembre, antes de Navidad, con lo que tras la vuelta en enero hemos empezado las nuevas asignaturas.

Nefrología, Endocrino y Alergología son algunas de las materias que acabo de empezar. Y en todas ellas hemos comenzado repasando conceptos que ya deberíamos saber: la anatomía y la histología renal, los mecanismos de acción de las diferentes hormonas... Mucha Anatomía y mucha Fisiología. Y yo me he visto en la necesidad de repasar fundamentalmente los temas de fisio. ¿Qué hago? ¿Cojo el Guyton y me pongo a leer temas y temas? Ojalá tuviera tiempo, pero no es el caso.

¿Qué he hecho entonces? Recuperar un librito que no tocaba desde segundo de Medicina, el Despopoulos. 

Éste es el Dr. Agamemnon Despopoulos, profesor de Fisiología y autor de la primera edición del libro Fisiología. Texto y Atlas, que ya va por su 7ª edición. Desgraciadamente, el Prof. Despopoulos sólo pudo escribir la primera de las ediciones, pues mientras ésta salía de la imprenta, él y su mujer desaparecieron en el mar mientras intentaban cruzar el océano Atlántico a bordo de su velero.

El libro, escrito junto al Dr. Silbernagl, continuador de la obra, es un pequeño gran libro. Pequeño en su formato (parece un libro de bolsillo) y en sus páginas (que no superan las 450) pero grande en su contenido. Toda la Fisiología incluida ahí. Y con una presentación inmejorable: cada tema se resume en dos páginas, en la izquierda el texto y en la derecha un esquema que ilustra todo lo que dice el texto. Son especialmente buenos los esquemas de las acciones hormonales, de los sistemas de reabsorción y excreción en la nefrona, del ciclo cardíaco, etc. Uno de los mejores elogios de este libro se lo escuché a mi catedrático de Fisiología, amigo personal de Guyton: «En algunos aspectos, este libro supera a Guyton». Y creo que tiene razón. El Guyton es la biblia de la Fisiología, el libro que todo médico tiene en la estantería; por su parte, el Despopoulos es el libro que los estudiantes (y me atrevo a añadir también a los médicos) tenemos en la mesa para repasar, para recordar conceptos, para ver la correlación clínica...

Muestra del libro en el que se ve la estructura de página con texto acompañada por una imagen a todo color en la que se recoge e ilustra la información del texto. (Extraído del capítulo de muestra disponible en la web del libro: http://www.medicapanamericana.com/Libros/Libro/4132/Fisiologia.html )

Las ventajas más evidentes de este libro son su tamaño, la claridad de sus esquemas, la inclusión de comentarios clínicos y fisiopatológicos y lo práctico que resulta de manejar y consultar. Lástima que no sea perfecto. El original de esta obra se escribe en alemán y la traducción al castellano (paso previo por el inglés) es susceptible de mejora. Eso queda para la editorial Panamericana, editora de esta séptima edición.

No hay patología, no se puede hacer Medicina sin conocer la Fisiología y este libro permite acercarnos a ella de una manera excepcional. Altamente recomendado.

10 ene. 2012

De vuelta

Hoy he cruzado la Península de Sur a Norte. Casi mil kilómetros, eso sí, en tren. Unas siete horas de viaje amenizadas como siempre por el microcosmos que es un vagón de tren.

En el AVE, como siempre, gente que va o viene de trabajar, y que sigue trabajando mientras viaja. Es decir, gente gritando mientras habla por el móvil y hablando de dinero con muchos ceros. Quizá lo de airear el volumen de euros que mueven en un vagón repleto de gente sea despiste, quizá sea deseo de ostentanción ("ya veis, a mí la crisis no me afecta"). Allá cada cual.

En la pantalla una película para quinceañeras que me ha alentado a abrir el libro que llevaba en la mochila. A sangre fría, de Truman Capote. He leído unas cuarenta páginas y se están cumpliendo los pronósticos. Muy recomendables sus descripciones, su manera de sumergirte en la historia, de recrear la escena en la que se desarrolla la acción. Un lenguaje precioso. Mucho por aprender. Lástima que la señora de mi lado no quisiera enterarse de que el móvil se utiliza en las plataformas y sus continuas llamadas a las amigas interrumpieran mi viaje por la Norteamérica más profunda.

Y después, en el segundo tren, más tranquilo, sin nadie al lado, mitad anestesiado por los efectos del bocadillo, una pareja de ancianos que me ha sacado más de una sonrisa. No sé cuánto tiempo llevarán juntos los dos, ni qué les habrá deparado la vida, pero un diálogo de dos frases me ha servido para confirmarme que después de una vida juntos sigue habiendo ganas de querer. Y de despertar sonrisas. Siento robarles este pedacito de intimidad, pero cosas como ésta creo que se deben compartir. Ha sido delicioso:

Ella: "Claro, como tú no quieres a nadie..."
Él: "Yo te quiero a ti, y ya con eso me basta."

5 ene. 2012

A los que nos enseñan

Acaba de empezar el año y después de un tiempo sin escribir me decido a retomar la tarea. Los exámenes acabaron hace un par de semanas, las fiestas más importantes ya han terminado y la vuelta a la Facultad se va acercando...

Y yo llevo desde que empezó el curso rumiando esta entrada en mi cabeza. He pensado en hablar sobre mis profesores, sobre las clases, sobre los cambios en los planes de estudio, sobre la Universidad en general y quizá mientras escriba mis ideas se vayan perdiendo entre todos estos conceptos.

Empecemos por lo esencial. No me gustan las clases que recibo. Estudio 5º de Medicina y es mi sexto año de Universidad (y he pasado por dos). Y no me gusta la enseñanza basada en problemas (tan de moda con el plan Bolonia) y no me gusta el profesor robot lector de Powerpoints hechos años atrás. Ahora explicaré por qué.

Por suerte, en estos años me he encontrado con auténticos docentes, muy pocos, profesores vocacionales. Médicos que cambiaron el fonendo por la tiza y tuvieron la lucidez de ver la importancia capital que tiene formar a los profesionales que están por llegar. Recuerdo al Dr. Ferres, catedrático de Anatomía, llegar con sus tizas de colores, colocarse de espaldas a la clase y empezar a dibujar un hueso, sobre él un plano muscular y otro y otro y terminar con la tizas amarilla y roja dibujando nervios y arterias varias. Recuerdo las explicaciones de las profesoras titulares en la sala de disección (ésa que algunos decanatos plantearon eliminar) sobre el cadáver, estudiando cada plano, cada órgano, cada referencia del organismo humano. Pasan los años y no me olvido del Dr. Carrasco, el titular de Citología, que nos dibujaba núcleos, cromosomas y demás organelas celulares. Y que, al final de cada clase, nos enseñaba orgulloso sus imagénes de células en mitosis realizadas en su trabajo como patólogo.
Recordaré siempre la insistencia con la que los profesores de Histología general se empeñaban en hacernos entender la importancia que tenía dibujar para aprender su asignatura y se me vienen a la cabeza las imágenes de células formando epitelios, de husos neuromusculares y otros conceptos. Y, por encima de todos, hay dos nombres a los que guardo una profunda admiración y un especial cariño. Al Dr. Velayos, por transmitirme la pasión por la Anatomía, por enseñarme tanto, por legarme sus libros, por sus consejos, por su manera de ver la profesión y la vida y porque lo considero un auténtico maestro. Y al Dr. Santidrián, catedrático de Fisiología, la vocación docente es él. Es admirable la dedicación, la pasión con la que prepara cada clase, con la que va llenando pizarras y pizarras, ese "orgullo torero" de saber, de aprender cada día más y de plantear un reto cada vez que uno pisa su despacho. Es un verdadero honor haber aprendido con ellos.

Grandes profesores, maestros, personas, como dice la RAE de mérito relevante entre las de su clase. Y a su lado, lamentablemente, otros que parecen ver la docencia como una carga de la que han de desenvolverse de cualquier manera. Diapositivas repetidas a lo largo de los años ("sí, son las mismas de cuando estudiaba mi hermana hace X años"); profesores que se olvidan de que tienen clase y dejan a los alumnos colgados; clases sin preparar, porque si sólo te limitas a leer, poco has de preparar, etcétera, etcétera. Y lo mejor de todo, lo incomprensible, decanatos que ven en un cambio de plan de estudio la solución a todos los problemas. Se lanzan ideas peregrinas... ¿es realmente necesaria la sala de disección? ¿y si dejamos la Fisiología sólo en tres horas semanales? ¿Eliminamos sus prácticas? ¿Reducimos las horas de microscopio? ¿Introducimos asignaturas nuevas para que los alumnos pierdan el tiempo haciendo trabajos en grupo y diseñando pseudoinvestigaciones que nos le van a servir de nada si lo que pretendemos es formar a médicos generales?

Y yo pregunto: ¿Es ésa la solución? 

Decía mi catedrático de Hª de la Medicina, con toda la razón: ¿Creen que por cambiar los planes de estudios van a mejorar algo? ¿No se dan cuenta de que los profesores seguimos siendo los mismos? ¿Que nuestra manera de enseñar va a seguir siendo la misma? Yo respondo que no, que no se dan cuenta. Que cuatro o cinco en el despacho del decano deciden por una Facultad de más de mil personas. Para qué rellenar una encuesta de satisfacción docente si ya sabemos que todo va a seguir igual. Que hay profesores que tienen la desfachatez de incluir en sus presentaciones conceptos que ni ellos mismos conocen (-Perdone, ¿podría explicar en qué consisten esos signos? -Pues mira... esto... no lo sé. ¿Son sus diapositivas o es que ni siquiera se ha molestado en hacerlas y las ha sacado de Internet?)

No puedo creer en mis profesores. No en todos. Ya he señalado al principio que existen excepciones. Muchos intentarán hacerlo bien, otros no tanto, pero algo falla. Todo lo que me dicen está copiado de un libro u otro. Yo quiero algo más. Quiero prácticas de verdad, donde me enseñen y con médicos que me quieran enseñar (Mira que le dije al decano que no me mandara alumnos de 3º, que no tienen ni idea...). Por favor, ensénñeme a ser médico, a saber tratar a un paciente, a no hacer daño, a curar cuando se pueda y a aliviar el sufrimiento y acompañar el dolor siempre. ¿No lo hacen ustedes en sus consultas y en sus quirófanos? Dejen de mirar el ordenador y fíjense que detrás de la pantalla blanca hay una pizarra negra entera para escribir y un cajón lleno de tizas. Miren hacia atrás y miren hacia delante, hacia los alumnos. Aquí estamos, queriendo ser médicos, tablas rasas de las que ustedes tienen la oportunidad de sacar lo mejor, de imprimir un carácter. No dejen huella sólo en sus pacientes, dejen algo en nosotros. No queremos autómatas vestidos con bata blanca, no creo que eso sea hacer Medicina. Porque además de en la clínica, en el quirófano o en el laboratorio, también se hace Medicina (sí, con mayúsculas) en las aulas.

Las aulas, las mismas por las que ustedes pasaron antes.